
Corografía s/papel. Fotografía: Anita Brus
Por Anita Brus
En nuestros museos, los textos largos que acompañan a las obras de artistas contemporáneos parecen ser un signo de los tiempos. Quizás esto se deba a que cada vez exponen más artistas con raíces africanas cuya obra tiene un carácter narrativo. Para la estadounidense Ellen Ghallager (Providence, Rhode Island, 1965) y la cubana Belkis Ayón (La Habana, 1967-1999), las historias tienen que ver con el mar; en la exposición de Ghallager, que estuvo hasta marzo en el Museo Stedelijk de Ámsterdam, el mar resuena en sus más y menos ficticios ‘relieves de aguas profundas’, y en las obras de Ayón, que todavía se pueden ver hasta junio en la exposición ‘Bajo una luz brillante’ en el Wereldmuseum de Leiden (también Holanda), los símbolos hacen referencia a un pez mítico que lleva a la perdición de una princesa; y quizás también a la de la propia artista. Pero, uno puede preguntarse si realmente necesitamos las historias para valorar estas obras.
La obra de Ghallager consiste por una parte en ‘relieves submarinos’ de color rosa, en los que se pueden ver hilos (¿algas?) en dirección horizontal y vertical, a lo largo de los cuales parecen flotar cabezas (recortadas en paladio), vértebras, y formas parecidas a hojas y conchas. Por otra parte hay obras realizadas en caucho, papel y pintura esmaltada, en los que ese dulce mundo submarino parece estar sumergido en petróleo y alquitrán. Leo después que Ghallager, en sus estudios de biología marítima, tropezó con el gusano Osedax que, mientras come, excava un mundo en los huesos de una ballena hundida, de modo que ahora descubro en los hilos también una especie de gusano que se alimenta de Fast- Fish and Loos- Fish… Leer+ Revistart 221