
Por Carmen del Vando Blanco
Y lo hace enfocando la Capilla de San Brizio en la Catedral de Santa María de la histórica localidad de Umbra. Como recuerda Giorgio Vasari en las ‘Vidas’: “Fue Luca Signorelli pintor excelente, en su época estaba considerado en Italia tan famoso y sus obras fueron de tanto valor como ninguno lo fue en ningún tiempo”. De hecho, entre sus realizaciones más célebres de su madurez, se coloca el ciclo de frescos en la maravillosa Capilla en la Catedral de Orvieto, donde figuró “Todas las historias del fin del mundo: invención bellísima, extraña y caprichosa” añade Vasari.
Acaeció que en 1499 lo eligieron para proseguir las pinturas en la entonces llamada Capilla Nova. Habían transcurrido 52 años desde la última intervención decorativa, realizada y abandonada por el fraile dominico Beato Angélico -debido a sus numerosos encargos en Florencia- y desde entonces la ‘Obra de la Catedral’ no había dejado de buscar un digno sustituto, cuyos requisitos debían reunir habilidad, velocidad, presencia constante y, sobre todo, economicidad. La llegada de Signorelli calmó los ánimos puesto que la decoración incompleta era motivo de ‘vilipendium’.
Según el contrato firmado con el artista: Signorelli habría debido concluir las pinturas de la bóveda vaída utilizando los dibujos de Fra Angélico; por su parte, la ‘Obra’ le habría ofrecido alojamiento con una cama y los gastos de andamios, cal, arena y los costosos colores oro y celeste, con un pago de 180 ducados (contra los 200 pedidos por el pintor). Tras haber pintado las bóvedas de los Apóstoles y de los Instrumentos de la Pasión, pidió otros dibujos para continuar su trabajo, de los que la ‘Obra’ carecía. Según los escritos, no resulta que el Beato Angélico, fraile dominico, se hubiera consultado con expertos de teología, mientras que para Signorelli, la ‘Obra de la Catedral’ se refirió a los venerables ‘magistri’, que habrían sugerido al pintor las soluciones iconográficas más oportunas… Leer + Revistart 215