Un ejemplo de depurado ejercicio plástico
La pintora recrea paisajes con una armonía pasmosa, sencillos y devorados por una pátina difuminada que no emborrona, pero adormece dulcemente las aguas y mareas en la lejanía iridiscente del horizonte. Las posibilidades se multiplican a la hora de representar los instantes del día y las orillas en tímido pero constante movimiento, provocando un sinfín de opciones tonales. Éstas acaban fusionándose en un conjunto unitario repleto de matices, tratados con una bellísima verdad natural. Las obras de Abad nos hacen partícipe de su concepción sobre la naturaleza. Además, son un ejemplo de depurado ejercicio plástico, impecables, armoniosas en su conjunto cromático. Así su trazo inunda de luz la mirada, aunque se trate de las últimas horas del día o, en otras composiciones, cuando los primeros planos casi eliminen la presencia de la fuente lumínica. Y aun así todo es luz.
– Por Daniel Buenaventura