del ‘cautiverio’ al confinamiento
El confinamiento pudo haber dado a Sergi Barnils la oportunidad de mirar por la ventana. De pararse a contemplar el exterior y plasmar las sensaciones de una ciudad vacía y de ciertos tonos apocalípticos. Pero el suyo no es un arte que necesite estímulos externos; su mundo pictórico mira hacia dentro, hacia el alma. Y si el artista tiene interés en algún tipo de apocalipsis, no es precisamente aquel sino el que se describe en el libro sagrado, representado largamente en sus obras, sin duda más espirituales que religiosas.
Desde principios de los años noventa del pasado siglo, su interés estético ha mirado, de forma creciente, hacia el interior. Algunos de sus últimos motivos reconocibles, pertenecientes a esos años de transición del figurativo al abstracto, trataban de damas y torres de castillos. Damas encerradas en torres para ser exactos. Damas, al fin y al cabo, confinadas a la fuerza con el único deseo de escapar. Esas series, que fueron también las primeras elaboradas en su particular técnica de la encáustica, desarrollada y perfeccionada ampliamente hasta el día de hoy, llevan títulos como ‘Del captiveri’ (Del cautiverio) o ‘Dama presonera’ (Dama prisionera). Después del encierro, de ese secuestro con tintes medievales, vino la liberación, la huida de la torre. Son telas como ‘Dia del gran enlairament’ (Día del gran despegue) o ‘La pujada al sojorn lluminós fou a hora foscant’ (El ascenso a la estancia luminosa fue al oscurecer). Las pinturas de ese período, vistas con los ojos de hoy, parecen representar la propia alma de Barnils, por fin liberada de las referencias terrenales para penetrar, sin billete de vuelta, a un estado privilegiado para él y arduo para el espectador, que precisa de un esfuerzo para interpretar aquellas formas y colores en su nuevo estado…
– Por Alex Barnils Vidal